El viernes pasado, luego tener un
día casualmente cargado de reflexiones sobre la adultez, el paso del tiempo y
la búsqueda de nuestros puntos focales—parece que esas temáticas han estado
rondando mi vida últimamente—un grupo de amigos y yo resolvimos, como es
habitual, dar clausura al día con una película que nos dejara mucho para pensar.
Aunque la decisión no estuvo de mi parte y al principio no estaba seguro de qué
terminaríamos viendo, pronto me di cuenta de cuán apropiada fue la elección
hecha. La escogida fue Hacia Rutas Salvajes (2007) y fue el mejor
largometraje que pudimos haber visto esa noche.
