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14/12/15

Dos letras de poder

No sé en qué dirección y con qué propósitos se maneja, pero luego de procesar un poco todos los sucesos ocurridos esta fin de semana, durante el retiro de fin de año de la organización a la que pertenezco, me di cuenta de cómo había sido afectado por una algo que no comprendo del todo.

3/11/15

Perdidos

 
Es curioso que, a pesar de haber sido una persona bastante inconstante durante casi toda mi vida, siempre estuve guiado por la expectativa casi innata de lograr cosas grandes. Tal y como lo mencionaba una amiga en días recientes, mientras más jóvenes somos, más magnánimas son nuestras esperanzas—hasta que los años y sus decepciones reducen nuestras satisfacciones a formas más simples—, por lo que, cuando tenía 5 años de edad, lo probable es que no parara de decirle a mi mamá cómo en un futuro sería en un gran científico.
 
Con el paso del tiempo, el gran científico se convirtió en un gran veterinario que no duró mucho en ese puesto, decidiendo dejar su vida con los animales para volverse un exitoso literato escritor, próximo premio nobel de literatura, y luego un Doctor en biología que pronto descubriría cuanto deseaba ser un artista plástico revolucionario/psicoterapeuta reconocido. Las metamorfosis siguieron acrecentándose hasta que aquello que alguna vez supe sería, terminó por parecerse mucho a un inmenso signo de interrogación.

14/10/15

100 novedades por minuto

Hace un par de meses, cuando el semestre comenzaba en la Universidad y mis compañeros se asían de nuevo a la idea de que éste sería su mejor periodo académico hasta el momento— y me excluyo un poco en este aspecto porque siempre estoy orientado en una dirección menos optimista—, el “buen pie derecho”, el de las grandes expectativas y los prósperos reinicios, pisó un gran charco de barro cuando llegó a oídos de la mayoría que una de nuestras más destacadas compañeras de clase había fallecido.

No obstante lo pesado que pudo haber sido darle la bienvenida a un nuevo lapso en la facultad en medio de las exequias de nuestra querida amiga, dos semanas después—quizá más—ya pocos parecían recordarla y el “buen pie derecho” fue limpiado de todo rastro de lodo.

No me expío del asunto y admito que poco tiempo luego del funeral, ya habían aparecido suficientes novedades en mi vida para desviar mi atención de la pena que se suponía que debía llevar conmigo y, del mismo modo, durante el transcurso de los diez meses que van de año, montones de momentos que el viejo Alejandro—si es que hay alguna diferencia con el actual— habría supuesto como importantes, han sido reemplazados con el paso de los días por nuevas preocupaciones, tareas y vivencias.

Hace poco, un amigo me comentó cómo desde su cumpleaños número diecinueve, las cosas parecían haber empezado a fluir en un ritmo acelerado y me pregunto—porque este blog es un compendio de las dudas que me asaltan a diario—¿acaso es esto un síntoma de la nueva etapa que se aproxima? Y perdónenme aquellos que esperaban que mi segundo post fuera lejano al previo, pero ahora mismo me siento tan incapaz de seguir la secuencia de lo que sucede en mi vida cada semana que temo un tanto que esto sea un mal permanente.

Y lo siento cercano porque, según mi viciada memoria, antes el tiempo no parecía moverse con tanta agilidad y, por el contrario, este año, en un par abrir y de cerrar de ojos, ha logrado acumular más experiencias “memorables” —si tan sólo pudiera recordarlas con claridad— de las que pudo haber en los dos anteriores. Entonces, ¿sólo yo soy sensible a la rapidez con la con la que han transcurrido los días o la velocidad del 2015 es, en efecto, una percepción colectiva?

PD: Desde agosto ya no lleno mi diario, me siento incapaz de hacerlo.

13/10/15

Ya no soy un niño



Hace un par de meses, cuando el semestre comenzaba en la Universidad y mis compañeros se asían de nuevo a la idea de que éste sería su mejor periodo académico hasta el momento— y me excluyo un poco en este aspecto porque siempre estoy orientado en una dirección menos optimista—, el “buen pie derecho”, el de las grandes expectativas y los prósperos reinicios, pisó un gran charco de barro cuando llegó a oídos de la mayoría que una de nuestras más destacadas compañeras de clase había fallecido.

No obstante lo pesado que pudo haber sido darle la bienvenida a un nuevo lapso en la facultad en medio de las exequias de nuestra querida amiga, dos semanas después—quizá más—ya pocos parecían recordarla y el “buen pie derecho” fue limpiado de todo rastro de lodo.

No me expío del asunto y admito que poco tiempo luego del funeral, ya habían aparecido suficientes novedades en mi vida para desviar mi atención de la pena que se suponía que debía llevar conmigo y, del mismo modo, durante el transcurso de los diez meses que van de año, montones de momentos que el viejo Alejandro—si es que hay alguna diferencia con el actual— habría supuesto como importantes, han sido reemplazados con el paso de los días por nuevas preocupaciones, tareas y vivencias.

Hace poco, un amigo me comentó cómo desde su cumpleaños número diecinueve, las cosas parecían haber empezado a fluir en un ritmo acelerado y me pregunto—porque este blog es un compendio de las dudas que me asaltan a diario—¿acaso es esto un síntoma de la nueva etapa que se aproxima? Y perdónenme aquellos que esperaban que mi segundo post fuera lejano al previo, pero ahora mismo me siento tan incapaz de seguir la secuencia de lo que sucede en mi vida cada semana que temo un tanto que esto sea un mal permanente.

Y lo siento cercano porque, según mi viciada memoria, antes el tiempo no parecía moverse con tanta agilidad y, por el contrario, este año, en un par abrir y de cerrar de ojos, ha logrado acumular más experiencias “memorables” —si tan sólo pudiera recordarlas con claridad— de las que pudo haber en los dos anteriores. Entonces, ¿sólo yo soy sensible a la rapidez con la con la que han transcurrido los días o la velocidad del 2015 es, en efecto, una percepción colectiva?

PD: Desde agosto ya no lleno mi diario, me siento incapaz de hacerlo.