Cualquiera
que haya tenido la oportunidad de compartir conmigo en los espacios de algún
museo arte moderno/post-moderno/contemporáneo, es capaz de constatar cuan
arduos suelen ser mis esfuerzos por acercarme comprensivamente al material artístico
que se expone, precisamente porque es una suerte de supuesto que aquello que
tiene un carácter expositivo, ha de tener algo que pueda ser apreciado. No
obstante, tras el desastre que significó para varios amigos y para mí nuestra
asistencia a la reciente inauguración de una exposición de arte joven en un
museo local, he empezado a preguntarme: ¿de
verdad vale la pena esforzarse por comprenderlo?
